28/4/12

Ser padres

Muchos   padres   se   enfrentan a la educación de sus hijos sintiendo que no  saben  cómo resolver  sus problemas ni cómo ayudarles. Lo importante es que en esta vida todo se puede aprender.

La crisis de valores, y el incremento de la violencia crean inseguridad en los adultos, cuando se enfrentan a su función de padres. No hay respuestas únicas ni soluciones ya hechas que supongan fórmulas educativas eficaces, pero conocer algunas pautas que deben regir cada etapa evolutiva permite detectar a tiempo alteraciones que puedan ser nocivas.


Ya no somos dos

La llegada de un hijo modifica la dualidad de la pareja e instala el ’número tres’: un nuevo espacio triangular que se reanudará con cada hijo, ya que se inicia una nueva historia psicológica con cada uno. Mucho antes de su llegada se va fraguando su ’nacer psíquico’ en el deseo de la madre y del padre. Estos se encuentran en una situación que, desde su infancia, estuvo presente en sus juegos y sus sueños, toda una trama de fantasías acerca de la paternidad que se originó en la relación con sus propios progenitores.


¿Quién enseña a los padres a serlo?

Es obvio que el trabajo de ser padres se aprende de la experiencia con nuestros propios hijos. Pero conviene conocer sus necesidades y cómo satisfacerlas. Por eso, se impone una reflexión sobre qué es lo que desean cuando plantean sus demandas. La falta de este conocimiento está en la base de la incertidumbre y de la desorientación para educar. Cuántas veces los padres vivimos con preocupación el comportamiento rebelde de un hijo y tratamos de corregirlo a voces o con castigos y amenazas, incluso en ocasiones con azotes, sin obtener resultado positivo.


Se actúa así porque se da por supuesto que a un hijo que se tuerce hay que enderezarlo como sea. Sin embargo, la solución pasa por mantener una actitud firme y justa, transmitirle cariño, tratarle con buenas maneras e intentar saber en qué consisten sus problemas y preocupaciones. Esto nos guiará hacia un verdadero acercamiento. El cuerpo y la mente forman una unidad indestructible. Algunos trastornos físicos que padecen nuestros hijos son, en ocasiones, el resultado de un problema psicológico que se puede solucionar para evitar que vaya a más en el futuro.


Aceptar a los hijos como son

La madurez de los padres para aceptar que los hijos no son lo que habíamos soñado favorece el sentimiento de bienestar que necesitan para crecer fuertes y libres. Dejarse llevar por lo que otros hacen o actuar de forma banal hace que las palabras pierdan eficacia.